Abelardo Almazán-Vázquez

Feb 20, 2020

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Crónicas de la clase de español: Miyé, Vermont, y las vacas

Photo by Timothy Eberly on Unsplash

En la enseñanza no puedes realmente ver el fruto de tu trabajo en un día. Es invisible, y permanecerá así, quizás, por veinte años.

-Jacques Barzun

Sus manos estaban sudando bastante. Su mirada parecía perdida en la tarima del auditorio de la escuela. De repente, reaccionó, y volvió a tomar ese papel con sus notas. Las leyó y releyó con mucho cuidado. No quería equivocarse. Estaba a punto de darle un mensaje importantísimo a esa comunidad de 230 estudiantes y profesores.

Miyé se armó de valor. Se postró frente a ese audiencia, expectante, y con un silencio casi sepulcral. Las miradas atentas y atónitas. Una pausa prolongada, un respiro muy profundo, y finalmente musitó: ¿Se han puesto a pensar de dónde viene esa leche que se toman durante el desayuno?, ¿esa leche que le pones a tu cafecito mañanero?, ¿cómo se ordeñó?, ¿quién la ordeñó?… ya después, con más aplomo y seguridad reflejado en el tono de su voz, dijo con mucha entereza: aquí está la historia de los migrantes quienes hicieron posible que te dieras ese gusto de tomarte un vaso de leche fresca. La audiencia enmudeció, así, como si hubiera sido ese estadio de fútbol donde la hinchada local contempla impávida un gol del equipo visitante. Gol hecho con una gran manufactura. Así dejó Miyé a ese grupo de estudiantes y profesores.

Para entender mejor esta historia, tengo que hablarles un poco de Vermont. Ese estado enclavado entre Nueva Hampshire, Massachussets, Nueva York, y la francófona Quebec. Es un lugar frecuentemente idealizado como un espacio idílico en donde convergen las ideas más progresistas de Estados Unidos junto con los espectaculares y casi místicos paisajes que esta zona ha estado ofreciendo desde que se anexó a la Unión Americana. Bautizado, por varios entusiastas, como el paraíso de deportes invernales de la costa este.

Paraíso también para los amantes del mejor jarabe de arce, de maple auténtico. De ese delicioso néctar que fluye lentamente por interminables tubos delgados que asemejan a un laberinto; entrelazados en los árboles de arce, y que únicamente se produce en las primeras semanas de marzo. Qué tan difícil y costoso es sacar este delicioso jarabe que únicamente se debe de hacer cuando la temperatura diurna está sobre los cero grados centígrados, y en las noches, cuando el mercurio del termómetro señala los dígitos negativos.

Pocos realmente entienden lo que significa producir esa deliciosa ambrosía, la cual embelesa, y le da un sabor exquisito a esos hot cakes con fresas frescas y platanito finamente picado. A mi me encanta en un cafecito bien cargado, sin leche, un chorrito de ese líquido dorado y ya estás listo para esas jornadas mañaneras de clases sin cesar.

Así resumiría al estado de Vermont. El paraíso lechero. El estado de la Montaña Verde. Ubicado en el panorama electoral nacional e internacional gracias al ínclito Bernie Sanders. Parada obligada para degustar unos quesos bastante deliciosos, los cuales -se dice- rivalizan con sus contrapartes europeos de acuerdo a los conocedores. Dicen los vermontianos que hay más vacas que personas. Literalmente.

Miyé sabía esto desde antes, pero no sabía, como muchos vermontianos, acerca de estos trabajadores migrantes. Cuando tienes la reputación de ser el estado más blanco del país, es complicado para los lugareños el imaginarse que exista esa diversidad tan presente como en otros lados -como California o Nueva York-. Muchos de ellos, la gran mayoría de origen mexicano, ocultos entre las sombras de los establos, trabajando jornadas larguísimas de 12 a 14 horas, sin poder manejar, sin calefacción adecuada en temporadas invernales. Quizás ella no se hubiera imaginado que su trabajo de investigación iba a dejar una huella muy profunda en la mentalidad de los estudiantes y los profesores.

Todavía recuerdo poder contemplar con más detenimiento a esa audiencia después de que Miyé terminó su presentación. Después de ese largo respiro de alivio, y al marcharse Miyé del escenario, muchos de los ahí presentes todavía no habían acabado de reaccionar y de meditar acerca de dónde realmente venía ese delicioso vaso de leche que tanto disfrutan hoy en día. No les había caído el veinte, pues.

Esta es su historia. Miyé, Vermont, y las vacas.

Miyé es una ciudadana del mundo. En su andar, podría considerarse una auténtica trotamundos. Vivió algunos años en Cuernavaca. Mi tierra natal, -la eterna primavera, aunque se enojen los de Medellín-. Después se mudó a Bangkok, tierra de los siameses y del más delicioso Khao Soi que te puedas imaginar en la exótica y cautivadora Tailandia; y en sus largos andares ha estado en tierras tan distantes como en el Congo, en Jordania… y cómo no hacer eso, cuando tienes a un padre francés y a una madre japonesa.

Una identidad única, fascinante, excelsa, llena de compasión y de historias que enriquecen a cualquiera que tenga el placer y el honor de conocerla.

Cuando Miyé supo más a fondo la problemática de esas vidas escondidas, ocultas, temerosas, pero que sostenían de gran manera la economía de prácticamente todo un estado, no dudó en poner manos a la obra. Se alió con la gente necesaria. Investigó hasta agotar sus recursos mentales y emocionales. Documentó hasta donde su gramática se lo permitió. Inclusive, se fue a trabajar unos días con estos migrantes en un rancho donde los propietarios estaban dispuestos a votar por Donald Trump.

Estamos hablando de que Miyé se aventó este proyecto muy en serio, y lo hizo cuando el magnate neoyorquino todavía era candidato presidencial. Ese populista dicharachero a quien nadie tomaba realmente en serio… hasta que ocurrió lo impensable.

Miyé siempre fue una persona consciente de su privilegio. Aprendió implícitamente cómo usar la empatía y la compasión para generar diálogos a través de la diferencia. Eso, sin dudas, se lo debe a sus valerosos, cosmopolitas, y talentosos padres. Al hacerse amiga de estos migrantes, limpiar establos, ordeñar vacas, y compartir el día a día con ellos, demostró, literalmente, lo que significa estar en sus zapatos.

¿Cuántos adolescentes de los países desarrollados tienen esa capacidad de hacer los trabajos duros hoy en día? ¿Los trabajos arduos? Conocer a fondo la agricultura a través de una milpa. Saber lavar los baños públicos apropiadamente. Arrear ganado, ordeñarlo, limpiarlo, alimentarlo… esos trabajos que, dicen algunos, ¿nos estamos robando los mexicanos?

Pocos saben lo que significa pararse a las cinco de la mañana; en una noche de invierno, con un frío que cala hasta los huesos. Miyé lo supo mejor que nadie. Ya tenía esa experiencia aquí con nosotros en nuestra escuela residencial. Aquí se forjó. Aquí supo que el olor a estiércol en su ropa sería algo bastante normal mientras se preparaba para hacer su tarea para la clase de español, a pocas horas de haberles dado de comer a esas latosas vacas.

Cuando Miyé se embarcó en este proyecto de ir a trabajar, hombro a hombro, con esos compañeros migrantes mexicanos, no se imaginaba que también tendría esa incómoda e inesperada invitación para ir a cenar con los dueños de la granja, patrones de sus compañeros de la ordeña.

En la calidez de su casa, Miyé entró tímidamente al comedor de los dueños de la granja. Sintió casi inmediatamente ese cariño, comparable quizás con el que tratarían a una de sus hijas o nietas. La consintieron bastante. Le ofrecieron huevos, tocino, leche, y a pesar de sus creencias alimentarias como vegetariana, se tuvo que aguantar ese bocado de tocino. Ese que no quería tragarse, pero lo hizo muy a su pesar para no ofender a sus anfitriones. Ni siquiera lo quiso masticar. Se lo pasó con un trago de leche -ordeñada por sus nuevos amigos mexicanos- mientras, incómoda, escuchaba a esta familia refiriéndose de manera despectiva de sus nuevas amistades del establo aledaño.

Asustaba mucho, en la mente de Miyé, que uno de los hijos de los patrones, adolescente casi de su edad, dijera que quería reemplazar a todos esos trabajadores migrantes con robots. Así como lo leen. Automatizar la industria lechera. Atónita, Miyé simplemente reflexionó, escuchó, y se dedicó a documentar sus historias. No iba a meterse en camisa de once varas en ese momento. Únicamente tenía que seguir apelando a ese famoso small talk que tanto adoran los norteamericanos para sobrevivir a la cena. Estaba escuchando el otro punto de vista. Entendiendo el otro lado de la moneda.

-Ya pensándolo bien, es un verdadero arte ser un versado en estas incómodas conversaciones. Si alguno de ustedes tiene la fórmula para sobrevivir el smal talk, pásenme el dato, por favor.-

Así nos lo narró Miyé a todos en la escuela. Leyó estas reflexiones primero con un poco de temor y al final, aterrizó sus palabras con mucha entereza. La audiencia aplaudió de pie. La vitorearon, la felicitaron… los que ahora son estudiantes de último año de preparatoria, los famosos seniors, tuvieron el privilegio de escucharla hace algunos ayeres como freshman. No se les olvidó esa lección de vida. Todavía está presente en sus memorias.

Quién se hubiera imaginado que, gracias a los esfuerzos y dedicación de Miyé, junto a cientos de personas y activistas del grupo de Justicia Migrante en Vermont, la compañía de Ben & Jerry’s firmó el acuerdo de Leche con Dignidad. ¿Quién dijo que no se podían hacer cambios? ¿Quién dijo que no se podrían mezclar los temas de justicia social en una clase de español? Ahí están los resultados. Hablan por sí solos. Leche… ¡con dignidad!

Todavía falta mucho por hacer, pero la maquinaria de activismo y de crear conciencia sigue creciendo como si fuera una bola de nieve. Hacer estas conversaciones más frecuentes y visibles en nuestras clases es un buen comienzo. Revisar nuestro privilegio de ese vaso de leche es muy efectivo para iniciar una conversación y un diálogo efectivo. ¿Ya te imaginaste haciendo esto para tu clase de español? ¿Hablándole a tus hijos de esto? ¿Compartiéndolo con tus colegas? Miyé se atrevió. ¿Lo harían ustedes? No sé. Piénsenlo.

Muy especialmente esto va para ustedes, paisanos, migrantes… seguiremos humanizando sus historias lo más que podamos. Lo haremos educando un estudiante a la vez. Así como lo hizo Miyé, seguramente así lo harán otros más-.

Scheiber, Noam. “Ben & Jerry’s Strikes Deal to Improve Migrant Dairy Workers’ Conditions.” The New York Times. October 03, 2017. Accessed May 2019. https://www.nytimes.com/2017/10/03/business/ben-jerrys-migrant-workers.html.

Brendan. “Milk with Dignity Campaign.” Migrant Justice / Justicia Migrante. July 25, 2018. Accessed May 2019. https://migrantjustice.net/milk-with-dignity-campaign.

Miyé participó activamente con ellos. Ahora, muchos estudiantes están buscando formas de seguir con este activismo.

Wakefield, Jeffrey F. “Majority of Vermont’s Migrant Farm Workers Are Food Insecure.” UVM Today. January 04, 2019. Accessed May 2019. https://www.uvm.edu/uvmnews/news/new-book-majority-vermonts-migrant-farm-workers-are-food-insecure.

Spanish Teacher, Soccer coach, and Latin Dance Instructor at The Putney School.

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