Entre miedos, incertidumbres, y ansiedades: COVID-19, Educación, y otras cosas.

La vida es misterio; la luz ciega y la verdad inaccesible asombra. (Rubén Darío)

Eran alrededor de las 6:34 pm de una fría tarde en algún lugar de las montañas del Noreste Gringolandio. Acabábamos de poner una fogata no muy lejos de nuestro apartamento. Nos disponíamos a hacer una sobremesa agradable y acogedora después de haber cenado un exquisito chorizo, guisado en salsa verde con un poco de arroz y papas horneadas.

Abrí el correo de mi trabajo. Vi que, exactamente a las 6:28 pm, nuestra directora mandó ese correo que tanto habíamos temido: las clases se suspenderían hasta nuevo aviso, y tendríamos que prepararnos para enseñar nuestras clases remotamente. Clases en línea. Educación a distancia. E-Learning.

Si estás leyendo esto, y eres educador en Estados Unidos, quizás estemos más o menos en la misma sintonía.

No pude evitar pensar en mi privilegio: Distanciándome socialmente desde la comodidad de una zona remota en el sur de Vermont. Con mucha comida, especias, salsa de aceite picosita, bastante papel higiénico. Con acceso a internet, calefacción, agua potable… Un sentimiento de culpa mezclado con un sentimiento de empatía, de melancolía… después empezó a llegar la ansiedad, el aislamiento, la incertidumbre. Leía con tristeza y angustia los status de otros colegas tanto en el FB como en Twitter.

¿Qué hacer? ¿Distanciarme de mis redes sociales ? No tengo una respuesta a eso… todavía.

Recientemente, terminé una unidad de Educación en mi clase de Español 6. Conviene decir, antes que nada, que me considero uno de pocos profesores de lenguas muy privilegiados de no tener que seguir un currículum, un libro de texto, o un syllabus dictado por alguna de esas grandes compañías. Ya saben de quiénes les hablo, de esas que te venden sus mejores ideas por medio del CI, o del TPRS, o esas que te venden espejitos en casi cualquier conferencia de lenguas.

En el caso de un servidor/yours truly, hago, literalmente, lo que puedo con lo que tengo: un híbrido de métodos y experiencias producto de mi propio kilometraje educativo tanto en México como en tierras del Tío Sam. Algunos le llaman Educación Progresista. Yo a veces le llamo: la historia de mis experiencias de vida, para que no se repitan los mismos errores que las acciones de mis viejos profesores tuvieron y repercutieron en mi.

En esa clase que les decía, de Español 6, hablamos y escribimos de prácticamente qué significa ser un educador hoy en día. Ejemplos varios incluyeron métodos alternativos (Montessori, Waldorf, Kumon, etc), consideraciones y reflexiones sobre la educación pública, privada, educación en casa, telesecundaria, escuela agraria, escuela dual, neuroeducación, y así se fue formando un caleidoscopio impresionante de metodologías y aproximaciones.

Entre diálogos socráticos, presentaciones, reflexiones escritas, y vlogs, se nos fueron las últimas semanas antes de llegar a este preciso momento.

No lo sabía, pero quizás estaba preparando -de alguna forma- a mis estudiantes para los tiempos que estamos viviendo ahora… sin saberlo.

He aquí lo que quiero comentarles. El actual estado en el que nos encontramos ahora -con todo lo del elearning que se viene en las próximas semanas- me hizo recordar una reflexión reciente de una de mis estudiantes, precisamente, después de hablar de la Educación y la Tecnología hoy en día:

Esta estudiante decía muy bien que damos por hecho nuestra sapiencia sobre las herramientas tecnológicas hoy en día.

Impacta, de sobremanera, que para ella sea triste que vivamos en un tiempo donde prácticamente toda la tarea uno tenga que recurrir al uso de un teléfono inteligente, o una computadora, o una tableta electrónica.

Lo que más me impactó fue cuando, al final, dice con mucha claridad: con la tecnología perdemos creatividad y habilidades de resolución de problemas.

Estés o no de acuerdo con esta reflexión, de una adolescente de 16 años, creo que tiene mucha validez y profundidad, se vea desde donde se vea.

Volvamos a nuestra situación de hoy en día: el Covid-19, el distanciamiento social, las cuarentenas voluntarias y obligatorias, la educación remota, y la constante búsqueda de cómo impartir clases en tiempos tan sui géneris como estos.

Irónicamente, en esa misma clase que acabamos de terminar hace unas 3 semanas, tuvimos una sesión de Educación en casa, o homeschooling. Fue una sesión muy intensa porque hablamos de los pros y los contras de este método.

No faltó el estudiante que dijo, jocosamente, que el homeschooling es lo que debería de hacerse siempre, eliminando el sistema de ensamblaje de conocimiento seleccionado, como si fuera una producción en serie, que la educación se ha convertido hoy en día. Reímos todes, nerviosamente, porque lo había dicho con un tono de político en campaña.

Recordé entonces lo que escribió la misma estudiante en otro momento:

Dio otra vez en el clavo, desde mi parecer.

Lo que dijo, quizás proféticamente, es que la escuela es una oportunidad de conectar con más personas y explorar qué nos gusta hacer. El riesgo de educarnos en casa, desde su perspectiva, es que tener esa posibilidad es un privilegio: tener padres sin sesgos, con posibilidades de viajar, de adaptar la educación a tus fortalezas.

¿Qué te quiero decir con todo esto, entonces, colega educador?

Como lo dije recientemente en un post de la red social del pajarito azul: no debería de importar lo que hagas en los siguientes días, semanas, o quizás meses con lo de la educación a distancia, no habrá una fórmula buena o mala. Será TU fórmula. TU receta original.

Insisto, no debería de importar. Aunque haya vocecitas digitales quienes te quieran convencer de lo contrario.

Quiero suponer que estamos cocinando algo que nunca antes se había hecho dadas las circunstancias a las que nos enfrentamos.

Lo único que tenemos ahora es la magnífica oportunidad de aprender, desaprender, y re-aprender.

Si algo no funciona, lo aprenderemos sobre la marcha.

Si tenemos acceso internet. Improvisaremos con Zoom, Google, o cualquier herramienta tecnológica que nos permita una conexión virtual,

Si no hay internet, quizás improvisaremos con la escritura de un diario, en lápiz o en pluma de tintas brillantes y chillantes, recolectando experiencias, momentos, ensayando un haiku, o practicando algunos versos alejandrinos, y guardando esos escritos en puño y letra, hasta tener la posibilidad de traducirlo al español, o al francés, o al spanglish, o cualquier lengua que estés impartiendo como L2.

Tal vez, podamos hacer un híbrido de todo lo anterior, o quizás estaremos grabándonos con nuestros teléfonos, vlogueando, inventando nuevos verbos, pensando en canciones para memorizar vocabulario nuevo, haciendo TikToks del Subjuntivo

No lo sé. Son ideas que me vienen a la mente, una mente que sigue elucubrando ideas desde una trinchera increíblemente privilegiada.

Si algo funciona, lo fortaleceremos y adaptaremos a nuestros entornos particulares. Sea cual sea el resultado. Lo que estamos por hacer, (o quizás ya estés haciendo) sé de antemano que lo harás de corazón, y sabiendo que tienes una auténtica pléyade de educadores dentro y fuera de este país que te estamos echando porras.

Y ya sabes. Aquí tienes a tu fan número uno. Un colega que te estará mandando la mejor de las energías y buenas vibras, para lo que se venga.

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Spanish Teacher, Soccer coach, and Latin Dance Instructor at The Putney School.

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Abelardo Almazán-Vázquez

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